Instituto Emiliani

Secundaria y Preparatoria

Su corazón, muy sensible a todas las miserias humanas quedó profundamente impresionado viendo la deplorable condición de muchísimos niños, faltos de padres y abandonados al destino. Empezó a dar asilo a unos de estos huérfanos, en su propia casa; y en seguida, como el número iba aumentando, abrió para ellos una casa cerca de la Iglesia de San Basilio y otra cerca de la Iglesia de San Roque, en Venecia.

Mientras tanto la fama de su actividad caritativa se iba extendiendo. Algunos de sus amigos, entre ellos unos Obispos, lo invitaron, para que su acción, en favor de los pobres, se extendiera también más allá de los límites de Venecia. Jerónimo aceptó la invitación y empezó, en 1532, un largo peregrinar de caridad, que lo llevó a varias ciudades del Véneto y de la Lombardía (Milán, Bérgamo, ...), donde abrió orfelinatos.

A los huérfanos, el Santo enseñaba los primeros elementos del saber y al mismo tiempo las nociones fundamentales de la fe cristiana. Además procuraba que aprendieran un oficio, para que pudieran entrar a formar parte de la sociedad, como elementos vivos y activos, aptos para desenvolver con dignidad su personalidad humana y cristiana.
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Para esta obra de caridad, tan valiosa, encontró colaboradores generosos, que lo respaldaron en la asistencia de los huérfanos y fueron el primer núcleo, de la que, más tarde, será la Congregación religiosa de los Padres Somascos.
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